Webs, telarañas y otros enredos inocuos
Artículo publicado en Educación y
biblioteca, abril 1999, n. 100, p. 66-68.
José Antonio Merlo Vega (Universidad de
Salamanca)
Y en esto llegó Internet
Si hace un tiempo -no demasiado- nos hubiesen preguntado por Internet, muchos de
nosotros nos hubiésemos quedado con cara de circunstancias. Hoy, sin embargo, las cosas
no son así, ya que en los últimos años hemos asistido a la irrupción de Internet en
todos los ámbitos, tanto científicos, como domésticos, tanto profesionales, como
comerciales. Sin apenas darnos cuenta nos hemos visto rodeados por una tecnología que
presume de ser capaz de dar acceso a cualquier tipo de información, en cualquier momento
y en cualquier lugar. "Si usted tiene una línea de teléfono y un sencillo
ordenador, nosotros le conectamos con el mundo", nos dicen. Y lo mejor de todo es que
es verdad. En estos momentos nada nos impide interrogar bases de datos remotas de manera
sencilla o consultar las mil y una páginas web que informan de todo lo imaginable, desde
la paridad del euro hasta la cartelera de cine, desde el catálogo de la biblioteca más
grande del mundo hasta la receta de la chanfaina. Sí, es cierto, en Internet hay de todo.
A pesar de que se han simplificado los procedimientos para acceder a la información,
la lógica se impone: cuanta más información, más complicado será conseguir el dato
necesario en el momento justo. Sí, eso también es cierto. La lógica se sigue
imponiendo: si queremos emplear Internet de forma conveniente y ofrecer este servicio a
nuestros usuarios, antes deberemos conocer su funcionamiento. La lógica, una vez más:
estamos obligados a dedicar el tiempo que sea necesario a familiarizarnos con los
procedimientos de Internet, eso sí, sin descuidar las tareas habituales que desempeñamos
en las bibliotecas. Casi nada.
Internet ha sorprendido desprevenidas a la mayor parte de las bibliotecas de nuestro
país. Con la honrosa excepción de las bibliotecas universitarias (y algunas
especializadas) en el período de la difusión masiva de Internet o, lo que es lo mismo,
en estos momentos, las bibliotecas públicas, las escolares y los restantes tipos de
bibliotecas, todavía estaban preocupándose de cuestiones como la catalogación
retrospectiva, el mantenimiento de sus catálogos automatizados, la ampliación de los
servicios de préstamo a los materiales especiales o la organización de actividades de
dinamización de la biblioteca, por ejemplo. Y ahora aparece un nuevo sistema de acceso a
la información que, según dicen, es muy útil en las bibliotecas y que, según parece,
es necesario dominar para emplear en la biblioteca y poder ofrecérselo a nuestros
usuarios, ya que, según cuentan, es útil para obtener información, pero también como
medio de entretenimiento. No hay más remedio, habrá que ponerse al día.
Internet y el motor de cuatro tiempos
Curiosamente, la automática puede ser explicada desde la mecánica, ya que el proceso
de acercamiento y adaptación a Internet es comparable a los períodos del motor de
explosión, en sentido figurado claro está. Las fases del motor de explosión de cuatro
tiempos son admisión, compresión, expansión y escape. Jugando con la retórica se puede
afirmar que la primera fase por la que se debe pasar en el uso de Internet es la admisión
de esta tecnología como un procedimiento de elevada utilidad en las bibliotecas. Superada
esta fase, se procederá a su comprensión, es decir, a la asimilación de su
funcionamiento y sus herramientas, con la intención de llegar a un uso regular y
provechoso, tanto como sistema de localización de información como medio para ampliar la
colección bibliotecaria, lo que implicaría una expansión de nuestro fondo. El
proceso se completa con la salida al exterior de la biblioteca para darse a conocer más
allá de sus paredes, algo equivalente a un cierto escape de la misma.
Cuatro son también los tiempos o las etapas que se deben seguir en una biblioteca:
- Aproximación o la necesidad de la fascinación
- Asimilación o la familiarización con los sistemas
- Aplicación o la utilización en los procesos
- Agradecimiento o la incorporación al espacio digital
La primera de las fases por las que es recomendable pasar es la de la aproximación a
Internet. Esta etapa está marcada por la aparición constante de la sorpresa. Poco a poco
se irá descubriendo la presencia de instituciones, personas, empresas o cualquier
habitante de Internet. ¡Fascínate! Aprovecha estos momentos de inocencia digital. Todo
es nuevo y, por tanto, todo nos sorprenderá. Así debe ser. Es necesario que vayamos
descubriendo las posibilidades tanto en el aspecto técnico como del contenido. Prueba a
buscar todas las informaciones que se te sugieran. Llena notas y más notas de uves dobles
y "hachetetepés". Confúndete. Vuelve a probar. Intenta descifrar todos los
mensajes, pero no te esfuerces en entenderlos. ¿Qué eso de "Fatal error"?
¿Qué he hecho? No pasa nada. Ante todo, mucha calma.
Una vez dados los primeros pasos, y sus correspondientes tropiezos, procuraremos asumir
las distintas posibilidades que Internet nos ofrece como profesionales de las bibliotecas,
así como los distintos tipos de información y los sistemas para localizar y acceder a la
misma. Esto requiere leer manuales, consultar las ayudas de los programas, preguntar a
otros compañeros o realizar cursos de formación. Lo que haga falta. Lo importante en
esta segunda etapa es familiarizarse con los sistemas de consulta y con herramientas como
el correo electrónico o la transferencia de ficheros. Ahora es el momento de descubrir
que los buscadores sólo son eficaces cuando se conocen sus secretos, que las listas de
distribución pueden sacarnos de más de un apuro, que los catálogos en línea
simplifican nuestro trabajo o que, si queremos, podemos seleccionar y adquirir las
últimas novedades antes de que lleguen a nuestro proveedor. Adelante, a practicar.
Dicen que en el rugby el tercer tiempo es el mejor. En él los jugadores aprovechan
-entre cerveza y cerveza- para intercambiar opiniones sobre lo bueno y lo malo del
partido, lo que faltó o lo que sobró, lo que conviene repetir y lo que es mejor olvidar.
En nuestro símil el tercer tiempo es también el de la experiencia. En este caso ya se
tendrán los conocimientos suficientes como para sacar el máximo provecho a Internet y
poder aplicarlo a las distintas tareas profesionales y servicios técnicos. Internet y
todo lo que le rodea se habrá convertido en un electrodoméstico más, en un útil con
una función concreta: apoyar la actividad de la biblioteca. La fascinación desapareció.
Las sorpresas cada vez son menos. Las técnicas están dominadas. La asunción de Internet
es plena. Se trata de un período que ya no tendrá fin, en el cual se habrá entendido la
utilidad de Internet en el trabajo bibliotecario diario: para la selección e
incorporación, para la catalogación y clasificación, para la difusión de la
colección, para la referencia, ..., para todo. Eso es, hasta aquí hay que llegar.
No es conveniente terminar ya el proceso. Dice el saber popular que de bien nacidos es
ser agradecidos. Esto nos invita a pensar que una vez alcanzado un grado de conocimiento y
dominio suficientes deberemos devolver el favor a aquellos que nos han ayudado. Por este
motivo ha llegado el momento de compartir conocimientos y experiencias. Hay varias maneras
de hacerlo y éstas van desde la presencia activa en listas de distribución profesionales
hasta la incorporación de páginas con información de la biblioteca para que sean
consultadas por quienes estén interesados en las mismas. Otras formas de participación
son la cooperación con otras bibliotecas para realizar proyectos telemáticos conjuntos y
la recopilación de recursos de interés, por ejemplo. Contribuir con nuestra aportación
al patrimonio de la información digital es convertirnos en artesanos de esta gran obra
común que es Internet. Ahora sí, ya estamos enredados.
¿Y a mí, de qué me sirve?
Muchos son los motivos por los que podría animarse a una biblioteca para utilizar
Internet. La mala propaganda que recibe la red en los medios de comunicación, por lo
general derivada de usos inadecuados de Internet, hacen que muchas instituciones sean
reacias a facilitar la conexión de las bibliotecas que tutelan. Pero lo cierto es que
Internet presenta más aspectos positivos que negativos. No nos sirven las críticas sobre
los supuestos contenidos hirientes o la escasa calidad de muchas de las páginas que
pueden ser consultadas en la red. Al igual que en nuestras bibliotecas conviven obras de
informaciones delicadas con otras de textos cándidos o publicaciones literarias o
científicas de seriedad demostrada con otras deportivas o de espectáculos de gran éxito
pero poca calidad, así, en Internet, la utilidad de la información es muy dispar. Ello
no debe ser causa de exclusión o desprestigio del contenido global de la red.
Si una biblioteca todavía no tiene conexión a Internet puede ser por varios motivos.
El primero es la falta de apoyo de las instituciones, ya sea porque no se ve la necesidad
o por alegar altos costes en su instalación y mantenimiento. Si esta es la razón la
solución es sencilla. Internet es algo útil y barato, aunque podría serlo más
todavía. Más adelante se incidirá en las aplicaciones bibliotecarias de Internet, pero
ahora hay que rebatir el argumento económico. Internet puede ser una herramienta gratuita
para la mayor parte de las bibliotecas. Si se cuenta con un ordenador personal sólo
habrá que buscar una conexión que no resulte gravosa. Las bibliotecas escolares lo
tienen fácil, ya que el Ministerio de Educación y Cultura está facilitando que los
centros escolares se conecten a sus servidores. Sólo habrá que solicitar el alta y poner
en marcha el servicio. Las bibliotecas públicas deben buscar otras vías, puesto que
pocas instituciones cuentan con redes propias, factor que reduce los gastos del acceso.
Para ello se puede optar por solicitar la conexión a las redes universitarias de la zona
o bien formalizar un acuerdo con un proveedor comercial para que permita la conexión a
modo de patrocinio o mecenazgo. Si nada de esto es posible habrá que plantearse la vía
de contratar un servicio comercial de acceso a Internet. Por unas diez mil pesetas al año
se puede disponer de una conexión fiable. Aparte estarían los gastos de llamada que,
gracias a los acuerdos de tarifas planas, se hacen cada vez más asequibles para centros
como las bibliotecas.
Otro de los motivos que está retrasando la entrada de Internet en las bibliotecas es
el desconocimiento o la desconfianza hacia esta tecnología. ¿Para qué quiero yo eso?
Varios son los motivos por los que una biblioteca debe trabajar con Internet y diversas
las aplicaciones que un profesional bibliotecario encuentra a este medio de acceso a la
información. Todos ellos se pueden agrupar en tres bloques:
- Internet como medio de información
- Internet como herramienta profesional
- Internet como colección externa de documentos
Quien haya trabajado con Internet sabe que la red se está convirtiendo en el principal
recurso de información. Gracias a los distintos sistemas mediante los que trabaja
Internet es posible comunicarse con otros profesionales, ya sea directamente o a o través
de listas de correo; además, el hecho de que la información sea de acceso público hace
que tengamos ante nosotros una gran biblioteca para escoger los documentos que nos hagan
falta. En muchas ocasiones sólo un colega puede ayudarnos a resolver problemas
inmediatos. Internet favorece este tipo de contactos y posibilita la cooperación entre
profesionales con las mismas inquietudes.
Pero Internet presenta un amplio espectro de aplicaciones para el trabajo
bibliotecario. Aparte de las ya vistas, relacionadas con la comunicación entre el
personal o con otros colegas y la participación en listas de discusión, Internet es
útil en cualquier ámbito bibliotecario: selección, adquisiciones, catalogación,
préstamo, difusión, etc. No se quiere aquí ofrecer ejemplos de páginas web de utilidad
demostrada en la gestión bibliotecaria, eso queda para un número posterior de esta
revista, sin embargo a nadie le costará entender el beneficio que supone el acceso
directo a bases de datos y catálogos bibliotecarios, a repertorios y colecciones de
referencia, a publicaciones electrónicas, a las grandes librerías que exponen sus
productos en línea, ... En fin, que basta una simple mirada al caudal de Internet para
comprender que quienes nos dedicamos a las bibliotecas somos uno de los colectivos más
favorecidos por la aparición de Internet.
El último argumento de la necesidad de Internet en las bibliotecas es el hecho de que
todas presentan limitaciones, ya sea en cuanto a su fondo, su espacio o su presupuesto.
Internet también ayuda a poner remedio a este problema, ya que a través de nuestro
terminal podremos acceder y dar a acceso a nuestros usuarios a un sinfín de informaciones
que de ninguna otra manera podríamos obtener. Los usuarios requieren materiales muy
dispares y a ningún profesional le gusta decir: "no, no tenemos nada de eso".
Este obstáculo se ha podido resolver mediante la búsqueda en la red de la información
demandada. No todo se encuentra, pero un alto porcentaje de consultas podrá resolverse
gracias a Internet. En definitiva, Internet no es más que una gran biblioteca.
La razón de este texto no es otra que desmitificar el uso de Internet y animar a
quienes todavía no lo aplican a su trabajo diario y a sus servicios bibliotecarios a que
lo incorporen cuanto antes. Internet no es la panacea a los problemas bibliotecarios, pero
sí un recurso profesional de evidente interés. |