Fundamentos de gestión de bibliotecas universitarias
Artículo
publicado en Boletín de la Asociación Española de Archiveros, Bibliotecarios,
Museólogos y Documentalistas, abril-jun. 1998, vol. 49, n. 2, p. 261-288.
José Antonio Merlo Vega (Universidad de
Salamanca)
Resumen
La biblioteca universitaria necesita una óptima gestión para
desarrollar de manera conveniente sus servicios. Se estudian los principales elementos que
intervienen en la gestión de las bibliotecas universitarias: los recursos humanos y los
recursos económicos. Previamente se analizan las características y funciones de este
tipo de bibliotecas y las estructuras administrativas en las que suelen organizarse las
bibliotecas universitarias. Se tratan también otros aspectos, como la planificación, los
órganos de gestión, los indicadores de rendimiento, el presupuesto, los ingresos y
gastos o la evaluación. Se pretende ofrecer un panorama global de la complejidad de la
administración de las bibliotecas universitarias y de los múltiples aspectos que
intervienen en sus gestión.
Bibliotecas universitarias; administración de bibliotecas; planificación de
bibliotecas; recursos humanos; recursos económicos; evaluación
La
biblioteca universitaria
La American Library Association (ALA) define la biblioteca
universitaria como una combinación orgánica de personal, colecciones e instalaciones
cuyo propósito es ayudar a sus usuarios en el proceso de transformar la información en
conocimiento. En esta definición la biblioteca universitaria coincide parcialmente
con el resto de las restantes tipologías bibliotecarias, ya que todas las bibliotecas,
sean del tipo que sean, están formadas por el conjunto:
personal-colecciones-instalaciones-servicios. La diferencia fundamental entre la
biblioteca universitaria y los restantes tipos se encuentra en la función y los objetivos
de este tipo de biblioteca, que la ALA, en la definición anterior, resume con la
expresión ayudar a sus usuarios en el proceso de transformar la información en
conocimiento.
Las universidades españolas incluyen en sus estatutos o
reglamentos definiciones parecidas de biblioteca universitaria. Casi todas utilizan un
definición similar a la siguiente: «La biblioteca universitaria es la unidad o servicio
que gestiona todos los fondos documentales incorporados a la Universidad,
independientemente de su ubicación y el concepto presupuestario empleado para su
adquisición, con la finalidad de apoyar la formación, la investigación y la docencia».
Las funciones prioritarias de la biblioteca universitaria ya han sido
apuntadas en la definición anterior: servir de apoyo a la formación, la
investigación y la docencia. Las distintas actividades y servicios llevados a cabo
para alcanzar las tres funciones prioritarias de la biblioteca universitaria deberán
adaptarse a cada una de estas funciones, sobre todo en lo que respecta al fondo, a los
servicios y a la infraestructura.
En cuanto al fondo, la función de apoyo a la formación requiere la
adquisición de manuales y obras básicas de las carreras impartidas en dicha universidad,
mientras que la colección destinada a la investigación será más especializada. Las
obras de apoyo a la docencia serán de ambos tipos: genéricas y especializadas. Por lo
que concierne a los soportes y la tipología documental, la función de apoyo a la
formación o el estudio se centra en la selección de monografías, mientras que la
investigación y la docencia requieren otro tipo de documentos como publicaciones
periódicas, fuentes de información de todo tipo y bases de datos en línea o CD-ROM.
Por lo que respecta a los servicios, los clásicos en todo tipo
de biblioteca (préstamo, lectura en sala, información bibliográfica y referencia)
bastarán para atender correctamente la función de apoyo al estudio. Por el contrario,
para ser útil a la investigación y la docencia la biblioteca universitaria debe aportar
servicios de información (boletines de novedades y adquisiciones, difusión selectiva de
la información, acceso a bases de datos) y obtención de documentos externos (préstamo
interbibliotecario, teledocumentación).
Las condiciones de infraestructura y equipamiento servirán para ser
complemento de la formación universitaria: espacios e instalaciones adecuados, horarios
flexibles, accesos sencillos, etc. Este tipo de requisitos no son fundamentales para los
investigadores y docentes que, por lo general, no usan el espacio de la biblioteca para su
trabajo. En este caso será necesario desarrollar sistemas de comunicación fluidos. La
biblioteca universitaria actual debe ayudar al investigador y al profesor sin necesidad de
que estos salgan de sus despachos, lo cual es sencillo si se utilizan todas las
posibilidades que hoy ofrecen las telecomunicaciones (correo electrónico, redes locales
de bases de datos, suministro electrónico de documentos, etc.)
Las bibliotecas universitarias desarrollan una serie de funciones
subsidiarias encaminadas a conseguir sus objetivos primordiales de apoyo a la formación,
la investigación y la docencia: desarrollo de colecciones útiles y de calidad,
incluyendo todo tipo de soportes y un gran número de fuentes de información;
tratamiento, organización y conservación de la colección; difusión de la colección
mediante el préstamo, la consulta, la referencia, los servicios de información
bibliográfica o cualquier otro tipo de actividad; formación de los usuarios en el uso de
los servicios y fondos bibliotecarios; garantizar el acceso a los fondos a toda la
comunidad universitaria; realización de actividades e instrumentos bibliográficos que
promuevan el uso del fondo; facilitar el acceso a documentos externos; potenciar
actividades de mejora de los servicios; contribuir a la formación permanente de los
profesionales bibliotecarios; responsabilizarse de la gestión económica y
administrativa; mantenimiento de los sistemas automatizados y redes de telecomunicación
de que se dispongan; mantenimiento de la infraestructura y el equipamiento asignados y
adaptación de los mismos según las necesidades; reparto coherente de las cargas de
trabajo; administración de las partidas presupuestarias asignadas; establecimiento de
criterios y políticas de actuación en la gestión técnica y administrativa; participar
en programas y actividades de la propia universidad o ajenos a la misma; integración en
redes y movimientos profesionales; contribuir a los objetivos generales de la Universidad
y ser útiles para el avance del conocimiento científico y el desarrollo sociocultural.
Estructura
administrativa
Podemos encontrarnos con diferentes modelos en cuanto a la
dependencia de la biblioteca universitaria. A grandes rasgos se puede hablar de
bibliotecas universitarias independientes y dependientes. Las primeras son unidades o
servicios que dependen directamente de la gerencia o el rectorado de las universidades.
Suelen estar dirigidas por personal técnico, aunque en los órganos de decisión
participen vicerrectores, decanos, etc. Este modelo permite una gestión más ágil y
eficaz de la biblioteca, al no estar sujeto a las decisiones, generalmente políticas, de
los dirigentes universitarios.
Las bibliotecas universitarias dependientes son igualmente unidades
funcionales o servicios, pero con la diferencia de que están integrados en algún
vicerrectorado o departamento universitario: investigación, estudiantes, extensión. Es
común que sean dirigidas por un profesor o cargo universitario, quien marca las líneas
de actuación o funcionamiento. Está demostrado que este sistema perjudica el
funcionamiento de las bibliotecas, ya que las decisiones que influyen en los servicios
bibliotecarios se toman desde una perspectiva más político-universitaria que
profesional.
También es posible encontrarse con bibliotecas que dependen
únicamente de sus centros. En este modelo, cada vez menos frecuente, no existe una
política bibliotecaria común, sino distintos centros que trabajan totalmente
descoordinados y bajo la tutela económica y administrativa de las respectivas facultades
o departamentos.
La independencia o dependencia funcional influye en aspectos como el
reparto de presupuesto o la gestión del personal, ya que, en los casos donde existe
dependencia orgánica, la biblioteca estará siempre sometida a decisiones ajenas.
La organización administrativa de las bibliotecas suele optar por dos
tipos: estructura centralizada y estructura descentralizada. La estructura centralizada
consiste en agrupar todos los servicios bibliotecarios de la Universidad, tanto los
técnicos como los públicos, en un único centro. La estructura centralizada más
estricta reúne todos los servicios en un solo edificio, que deberá cumplir una serie de
requisitos en cuanto al tamaño, situación, acceso y organización interna.
Las principales ventajas de este sistema son la mejor organización
administrativa de las distintas secciones de la biblioteca; el mejor aprovechamiento de la
colección; la mejor distribución del presupuesto; la mejor distribución de las cargas
de trabajo; el mayor control de los fondos; la mayor unificación de los criterios
técnicos y las posibilidades que ofrece en cuanto a la automatización.
Asimismo, el sistema centralizado presenta una serie de inconvenientes:
son menos útiles para los investigadores y docentes, que necesitan tener la bibliografía
más cerca y durante más tiempo; implica desplazamientos a quienes residan, estudien o
trabajen lejos del centro; los fondos tienden a ser más genéricos; masificación de las
salas y servicios.
Por otra parte, la estructura descentralizada se basa en la existencia
de distintas bibliotecas pertenecientes a la misma universidad. El modelo más riguroso,
pero menos frecuente, consiste en la creación de una biblioteca por centro, sin conexión
entre ellas. Por lo general, los casos de organización descentralizada siguen un modelo
coordinado; es decir, existen distintas bibliotecas que trabajan de manera independiente,
pero sujetas a una jerarquía que marca la política común, los servicios y las
relaciones entre los distintos centros bibliotecarios.
El sistema descentralizado coordinado suele estar compuesto por:
- Biblioteca central o general: además de las funciones
habituales de cualquier biblioteca suele desempeñar las siguientes: se constituye en
órgano superior de la estructura; marca la política general del sistema bibliotecario
universitario; custodia y conserva el fondo antiguo y las obras valiosas; se encarga de
los servicios interbibliotecarios: préstamo interbibliotecario o fotodocumentación;
establece los criterios técnicos y administrativos de funcionamiento; se responsabiliza
del catálogo colectivo.
- Bibliotecas de centros o facultades: se crean para atender las
necesidades de los estudiantes (sobre todo de primer ciclo), de los profesores e
investigadores de las respectivas carreras impartidas en ese centro. Se encargan de:
reunir un fondo de carácter genérico y actual sobre las materias impartidas en el
centro; recopilar una colección de referencia útil para el estudio; organizar y
coordinar los servicios básicos de atención al usuario: préstamo, consulta e
información bibliográfica.
- Bibliotecas de departamentos, áreas, seminarios, etc.: son
subdivisiones de las bibliotecas de centro y se forman para apoyar a la docencia y la
investigación. Presentan las siguientes características: uso restringido a profesores,
investigadores y alumnos de tercer ciclo; colección especializada en los temas de estudio
de ese departamento; fondos con escaso o ningún tratamiento técnico; no tienen personal
bibliotecario a su cargo; abundancia de publicaciones periódicas y fuentes de
información.
El sistema descentralizado posee ciertas ventajas, entre las que se
encuentra la mayor comodidad para los estudiantes que pueden consultar las obras en el
mismo edificio donde estudian. Además, son más útiles para los investigadores y
profesores, que tienen siempre cerca la colección y las fuentes de información. A todo
esto se une que el fondo es más afín con las carreras y materias estudiadas o
investigadas. Asimismo, presenta ciertas desventajas: menor control de los fondos;
existencia de duplicados; menor aprovechamiento de los recursos económicos; peor
distribución de las cargas de trabajo; falta de homogeneidad en la política
bibliotecaria general; dificultad para seguir normativas técnicas comunes; problemas en
el acceso a los fondos y servicios para los usuarios de otros centros; más dificultades
para la automatización e interconexión de centros.
En realidad pocas bibliotecas universitarias siguen una estructura
centralizada o descentralizada en sentido estricto. Por lo general, los sistemas elegidos
para la estructuración de todos los centros y servicios bibliotecarios mezclan
características de los tipos organizativos anteriores, en virtud de cuestiones muy
dispares, como puede ser la ubicación física, el tamaño de la colección, el número de
usuarios a los que se atiende o la tipología de los servicios prestados.
Órganos
de gestión
El funcionamiento de las bibliotecas universitarias viene marcado
por una serie de órganos de decisión y administración de los servicios y recursos. Por
lo general, estos órganos están recogidos en los estatutos de las universidades o, en su
defecto, se contemplan en los reglamentos aprobados para el gobierno de las bibliotecas
universitarias.
A pesar de la necesidad de organizar todos los servicios y secciones de
la biblioteca universitaria existen muchos condicionantes que están impidiendo el
perfecto desarrollo de las estructuras organizativas. Algunos de estos son la creación
constante de nuevas universidades, la excesiva intromisión de los órganos directivos en
tareas técnicas o las luchas por alcanzar puestos de relevancia en el organigrama
universitario.
Los órganos en los que se suelen estructurar las bibliotecas
universitarias y las funciones que desempeñan son:
Dirección del servicio y/o de la biblioteca central. La
persona o grupo encargado de la dirección, las subdirecciones o las direcciones
técnicas, tendrá las siguientes obligaciones: representar a la biblioteca; presidir el
comité de biblioteca; proponer las directrices y la planificación general de la
biblioteca; gestionar los recursos económicos; proponer inversiones y obras al Comité de
biblioteca; proponer las tarifas de los servicios no gratuitos; asignar las cargas de
trabajo; proponer o designar a los responsables de las distintas secciones; coordinar las
operaciones técnicas; coordinar la actividad administrativa; elaborar la memoria anual;
organizar las actividades de formación continua; proponer los ejercicios y temarios de
los concursos de acceso a la plantilla; transmitir las necesidades de la biblioteca a los
responsables universitarios.
Comité de biblioteca. Es éste un órgano colegiado cuya
principal razón de ser es coordinar la política bibliotecaria de la Universidad. Suele
estar integrado por personal bibliotecario, usuarios, docentes y representantes
académicos. Entre las misiones que se les suelen atribuir están: aprobar la
planificación de la biblioteca; asesorar a la dirección de la biblioteca; aprobar y
modificar los reglamentos de la biblioteca; crear las subcomisiones o grupos de trabajo
que se consideren necesarios; proponer el presupuesto anual; proponer las inversiones y
obras a los órganos rectores de la Universidad; aprobar la memoria anual; aprobar las
tarifas de los servicios no gratuitos; emitir informes sobre la plantilla; aprobar los
sistemas de concursos de acceso a la plantilla; emitir informes sobre la aplicación de
medidas disciplinarias.
Dirección de las bibliotecas de centros. Cuando la estructura
es descentralizada es necesario contar con responsables en cada una de las sedes, quienes
deben acometer las siguientes funciones: organizar y supervisar las tareas del personal
del centro; coordinar el funcionamiento de los servicios bibliotecarios; recoger los datos
estadísticos de la biblioteca del centro; recoger las propuestas de los usuarios del
centro; proponer presupuestos específicos; gestionar los recursos económicos asignados;
coordinar la relación con el equipo directivo del centro; canalizar las necesidades de la
biblioteca del centro hacia la dirección; desempeñar las funciones delegadas por la
dirección del servicio.
Unidades profesionales. Los distintos servicios y unidades
técnicas también deben contar con un responsable; éste y el resto del personal que
trabaje en las distintas secciones deben encargarse de: coordinar las secciones en que se
estructure la biblioteca; desarrollar los servicios bibliotecarios que se presten;
proponer presupuestos específicos; gestionar los recursos económicos asignados;
coordinar la relación con el equipo directivo del centro; recoger los datos estadísticos
de la sección o servicio.
Unidades técnicas. Las bibliotecas universitarias disponen de
personal técnico, es decir, aquél que no realiza actividades estrictamente
bibliotecarias, pero sí de apoyo a las mismas: comunicaciones, informática,
reprografía, etc. Sus funciones son: controlar los servicios y equipos técnicos
empleados en la biblioteca; coordinar las unidades de información dependientes de la
biblioteca; proponer presupuestos específicos para la unidad; gestionar los recursos
económicos asignados a la unidad; coordinar la relación con el equipo directivo del
centro; recoger los datos estadísticos del servicio.
Unidades administrativas. Las bibliotecas necesitan personal
administrativo que, entre otras funciones, se encargue de: gestionar la administración de
la biblioteca; llevar la contabilidad del centro; coordinar los recursos asignados a la
biblioteca; coordinar los ingresos económicos propios de la biblioteca; gestionar las
relaciones laborales; coordinar las relaciones sociales y el protocolo; expedir carnés y
otros documentos.
Unidades de servicios. El personal de servicios, que atiende
cuestiones relacionadas con el cuidado del edificio (limpieza, electricidad, calefacción,
etc.), se responsabilizará de mantener las instalaciones, los talleres y las máquinas.
La planificación como base de
la gestión
La planificación bibliotecaria puede definirse, siguiendo a J. L.
Peón (Peón, 1996) como el conjunto de técnicas que permitan adaptar los objetivos de
cada biblioteca a sus capacidades y a las necesidades de su entorno, concretándose en un
conjunto de proyectos y actividades a realizar. Este mismo autor indica que la
planificación bibliotecaria es un proceso racional que implica, a partir de la elección
de objetivos, la cuantificación de las dificultades previsibles de su realización, para,
una vez adoptada la decisión de emprender las acciones, fijar las actuaciones y
actividades concretas a realizar, los plazos de tiempo necesarios para llevarlas a cabo, y
los recursos de todo tipo que se consideren necesarios para su puesta en práctica.
La planificación bibliotecaria sigue un proceso que puede calificarse
como continuo, ya que la planificación es una labor dinámica y constante en la vida de
la biblioteca. Al mismo tiempo, la planificación es un proceso analítico, puesto que
requiere el análisis de datos para conocer las necesidades y trazar los objetivos.
Además, el proceso es comprensivo, al abarcar todos los aspectos de la actividad
bibliotecaria. Por último, se trata de un proceso racional, porque las decisiones se
toman a partir de criterios cuantitativos y cualitativos.
La función principal de la planificación bibliotecaria es la mejora
del funcionamiento de los servicios y de la organización de la biblioteca en general.
Esta meta prioritaria se plasma en una serie de objetivos: identificación de las
posibilidades de actuación de la biblioteca; desarrollo de mejores servicios tanto
cuantitativa como cualitativamente; atención a las necesidades de los usuarios;
distribución óptima de los recursos; creación de programas y actividades;
establecimiento de un marco global para la actividad de la biblioteca; búsqueda de la
calidad y eficiencia de los servicios y la organización.
La planificación se desarrolla de manera cíclica, estableciendo
etapas sucesivas a través de la cuales se irán desarrollando acciones y consiguiendo las
metas perseguidas. Entre los estudios realizados para sistematizar el proceso de la
planificación bibliotecaria destaca el elaborado por Charles Mc Clure y otros
colaboradores (Mc Clure, 1991) para establecer una normativa aplicable a las tareas de la
planificación bibliotecaria. En este trabajo el proceso de planificación se divide en
una serie de etapas: planteamiento del plan, evaluación de la situación actual,
establecimiento de las funciones y la misión, definición de metas y objetivos, puesta en
marcha, redacción de la memoria del plan y revisión de los resultados. Por otra parte,
Roberto Cagnoli (Cagnoli, 1996) establece los siguientes pasos: hacer un diagnóstico de
la comunidad, evaluar los servicios y recursos existentes, determinar el papel de la
biblioteca en la comunidad, establecer metas, objetivos y prioridades, desarrollar y
evaluar estrategias, redacción del plan, implementar estrategias, controlar y evaluar el
progreso hacia las metas y objetivos.
La planificación, como se ha dicho anteriormente, puede ser aplicada a
todos los ámbitos de la biblioteca. Partiendo del objetivo principal de mejorar los
servicios y la organización de la biblioteca, cualquier aspecto de la actividad
bibliotecaria es susceptible de ser planificado para conseguir mejores resultados y mayor
rendimiento. Los ámbitos de aplicación de la planificación pueden agruparse en tres
tipos: planificación de los servicios administrativos, de los servicios bibliotecarios y
de los servicios técnicos.
Planificación de los servicios administrativos. Este
apartado engloba los planes orientados a desarrollar y mejor cuestiones relativas al
funcionamiento y la organización de las biblioteca, es decir, los planes relacionados
con: usuarios; normas de acceso; organización de las secciones; organización de las
cargas de trabajo; recursos humanos; recursos financieros; relaciones institucionales;
normativas y reglamentos; infraestructura y equipamiento; proyectos cooperativos;
actividad editorial; promoción de la biblioteca.
Planificación de los servicios bibliotecarios. Este grupo
está formado por los servicios bibliotecarios tradicionales y los más innovadores. Este
es el bloque en el que más actividades de planificación se desarrollan, ya que en gran
medida el funcionamiento óptimo de los servicios implica también el funcionamiento
correcto de la biblioteca. Los servicios bibliotecario planificables serán: consulta en
sala; préstamo personal; préstamo interbibliotecario; selección y expurgo;
adquisición; intercambio de publicaciones; proceso técnico; información y referencia;
teledocumentación; suministro de documentos; hemeroteca, cartoteca, etc.; formación de
usuarios.
Planificación de los servicios técnicos. Por servicios
técnicos se entienden aquellos no estrictamente bibliotecarios, pero que son
fundamentales para la prestación de los servicios tradicionales. Los más comunes son:
automatización de los procesos; redes locales e Internet; redes de CD-ROM; reprografía;
restauración; medios audiovisuales. Aquí también puede incluirse la planificación de
la automatización, la cual requiere un estudio detallado, ya que los errores que surjan
en la implantación y funcionamiento de los sistemas repercutirán negativamente en el
funcionamiento general de la biblioteca, además de en el presupuesto del centro.
A la hora de iniciar un proceso de planificación es útil
disponer de instrumentos que sirvan de punto de referencia para utilizar como modelos,
para orientar a los planificadores en las distintas fases del proceso y para homologar los
servicios bibliotecarios con los de otras bibliotecas similares. Una buena herramienta de
ayuda la constituyen las memorias anuales de otras bibliotecas, así como toda la
información que se pueda obtener de la actividad de bibliotecas relacionadas. En
biblioteconomía es lícito, útil y recomendable copiar las experiencias positivas de
otros centros. Si una biblioteca utiliza un sistema de gestión satisfactorio, unos
servicios que funcionan correctamente o realiza actividades innovadoras, es lógico
tomarla como ejemplo e imitarla.
Desde un punto de vista más teórico se pueden mencionar algunos
instrumentos que la biblioteca universitaria puede utilizar como apoyo de su sistema de
gestión: los indicadores, las normas y los reglamentos.
Indicadores
Los indicadores sirven para informar de la actividad general o de
acciones particulares de la biblioteca. Cumplen una doble función, ya que, de un lado,
tienen un carácter descriptivo, pues permiten comprobar el estado y evolución de la
organización y su actividad y, de otro lado, tienen un carácter evaluador, dado que
permiten valorar las causas y efectos que de ellos se derivan.
En definitiva, los indicadores son útiles para la planificación, ya
que permiten obtener una imagen real de la actividad presente de la biblioteca. Establecen
el punto de partida, la situación que está viviendo la biblioteca. Esto ayudará a
configurar los objetivos y prioridades del plan que se pretenda ejecutar. Además, serán
importantes para asignar los recursos de que dispone la biblioteca. Por tanto, son
indispensables para una correcta gestión de la biblioteca universitaria.
Los indicadores son necesarios para evaluar el rendimiento de la
biblioteca y, por tanto, para establecer planes de mejora. Por lo general, los indicadores
proceden de medidas cuantitativas, que ayudan a establecer los elementos que indiquen la
efectividad de la biblioteca. En la obra Claves para el éxito: indicadores de
rendimiento para bibliotecas públicas (Claves, 1995) se realiza un exhaustivo
análisis de las medidas y los indicadores derivados de las mismas. A pesar de ser
concebidos para bibliotecas públicas, los indicadores y medidas que aparecen en este
manual son también de aplicación en bibliotecas universitarias.
A grandes rasgos las medidas de rendimiento que se establecen evalúan
el coste de inversión en servicios, la producción de los mismos y efectividad. Además
se mide el ámbito de los servicios: población potencial y usuaria, área geográfica,
etc.
De las medidas se extraen los indicadores de rendimiento, que, en la
citada obra, son clasificados en cuatro grupos:
1. Indicadores de rendimiento operacional: relacionan la inversión con
la producción. Se emplean para la asignación de recursos a actividades, servicios y
productos.
2. Indicadores de efectividad: relacionan la producción con el uso. Se
utilizan para conocer el rendimiento de la biblioteca: satisfacción de los usuarios,
volumen de uso, etc. desde la perspectiva de los usuarios.
3. Indicadores de coste-efectividad: relacionan la inversión con el
uso. Sirven para conocer en qué medida los recursos empleados en los servicios o usuarios
están siendo efectivos.
4. Indicadores de impacto: relacionan el uso que se hace de la
biblioteca, sus servicios o productos y el uso potencial que se puede hacer de ellos.
Analizan el número de usuarios potenciales en comparación al de los reales y el grado de
satisfacción de la comunidad a la que se sirve.
Normas y directrices
Otra herramienta de indudable valor en la planificación son las normas
y directrices que establecen la manera de actuar ante un determinado problema o la
organización de un determinado servicio. Estas normas, que en la mayor parte de los casos
no pasan de ser meras recomendaciones, ayudan a unificar el funcionamiento de las
bibliotecas universitarias, ya que apuntan pautas de actuación para ser aplicadas en
centros en general.
Por lo general, las normas de este tipo vienen dadas por instituciones
profesionales, como las asociaciones de bibliotecarios, o bien son fruto del trabajo
cooperativo de bibliotecarios universitarios. Estos son los casos de las Normas para
bibliotecas universitarias de la Association of College and Research Libraries (ACRL),
también aprobadas por la American Library Association (ALA) o las Normas y
directrices para bibliotecas universitarias y científicas de REBIUN. Estas normas
sirven de guía para la realización de los reglamentos que las bibliotecas universitarias
realizan para la gestión de sus secciones y servicios.
Las mencionadas Normas para bibliotecas universitarias de la
ACRL (Normas, 1994) son importantes debido a la larga trayectoria de las mismas y al apoyo
que la sólida ALA les ha prestado. En éstas se dan pautas para el establecimiento de las
metas y objetivos que debe alcanzar la biblioteca universitaria. Asimismo, se analizan los
factores que influyen en el establecimiento de los objetivos: presupuesto, recursos
humanos, colecciones, instalaciones, servicios, apoyo institucional, programas
cooperativos y capacidad de respuesta ante el cambio. Por último, estas normas ofrecen
indicadores y medidas para evaluar el funcionamiento de la biblioteca.
De mayor interés, por ser normas de alcance nacional, son las Normas
y directrices para bibliotecas universitarias y científicas de REBIUN (REBIUN, 1997).
Su importancia se debe a que han sido redactadas por esta importante red de bibliotecas
universitarias, que además actúa como una comisión sectorial de la Conferencia de
Rectores de las Universidades Españolas. Es lógico pensar que estas directrices se
verán reflejadas en las políticas de las bibliotecas universitarias españolas y
representadas en sus respectivos reglamentos. Por el momento, las normas de REBIUN afecta
a las colecciones, servicios, infraestructuras, financiación y personal. En todos estos
aspectos ofrecen distintas consideraciones y normas de actuación. Estas normas cobran
aún mayor valor dada la escasez existente en España de instrumentos para el trabajo
bibliotecario.
Reglamentos
Para un correcto funcionamiento de la biblioteca es necesario disponer
de normativas que regulen la actividad de la biblioteca universitaria. Estas normativa
suele iniciarse en los Estatutos de la Universidad, donde se crea la biblioteca y se le
asignan una serie de funciones generales. El desarrollo de los artículos estatutarios se
realiza mediante el reglamento de la biblioteca, verdadero marco normativo de la
estructura y actividad de la biblioteca universitaria.
Además, las bibliotecas universitarias redactan otra serie de
reglamentos, internos o públicos, para ser aplicados a los distintos servicios puestos en
marcha. Estos reglamentos suelen ser elaborados para los servicios de préstamo personal e
interbibliotecario, reprografía, consulta a los catálogos y bases de datos,
incorporación de fondos, adquisiciones, normas técnicas, catalogación, etc. El
reglamento de la biblioteca el principal instrumento normativo, por lo que su existencia
es fundamental. En él se recogerán aspectos como la definición la biblioteca y las
funciones que se le atribuyen. En estos apartados se suele hacer referencia a la
consideración de la biblioteca en la Universidad, así como a los objetivos que se
persiguen. Además se relacionan las funciones generales asignadas.
Un importante bloque de los reglamentos es el que indica la estructura
de la biblioteca universitaria, especificando el lugar de la biblioteca en el organigrama
funcional de la Universidad, las autoridades de la biblioteca, los órganos de gobierno de
la biblioteca universitaria, las funciones de cada uno de los órganos de gobierno, las
comisiones de biblioteca y las secciones en que se divide la actividad de la biblioteca.
Todos los reglamentos dedican un apartado a los distintos servicios
bibliotecarios que se desarrollarán, tanto servicios técnicos, como servicios de
extensión bibliotecaria; además de explicar cómo será la organización estos
servicios. También es habitual que se haga referencia a los usuarios, exponiendo quién
puede ostentar la condición de usuario, qué obligaciones tienen y qué faltas y
sanciones se aplicarán en caso de incumplimiento de la normativa de la biblioteca.
Gestión
de recursos humanos
Hasta hace no demasiado tiempo, los recursos humanos de las
bibliotecas apenas habían sido considerados como un factor de desarrollo de las mismas.
Huelga mencionar que el personal es el principal recurso con que una biblioteca cuenta
para alcanzar todos sus objetivos y prestar de manera adecuada sus servicios. Cabe decir
también que la partida presupuestaria más alta de la biblioteca corresponde siempre a
los gastos de personal. Estos dos argumentos -el personal como medio indispensable para la
prestación de servicios bibliotecarios y personal como gasto principal- obligan a
planificar y organizar de manera adecuada todos los recursos humanos con que cuente la
biblioteca, independientemente de sus funciones o categorías profesionales.
La biblioteconomía ha comenzado a utilizar recientemente las modernas
técnicas del management, entendido tanto en su aspecto de administración de
centros, como de gestión de instituciones. Las bibliotecas, como unidades de
información, aplican ya en la gestión de sus recursos las teorías de organización
empresarial, administrativa e institucional. Esto ha supuesto un gran avance en la
organización del personal, en la distribución homogénea de sus funciones y, por
consiguiente, en la calidad de las tareas o servicios desempeñados.
Los recursos humanos son uno de los primeros aspectos que deben ser
planificados y estructurados en las bibliotecas. Una biblioteca que tenga el personal bien
distribuido, con unas funciones atribuidas detalladas y con unas relaciones establecidas
claramente será, con toda seguridad, una biblioteca eficiente y efectiva. De ahí la
necesidad de gestionar correctamente los recursos de personal para lograr resultados
satisfactorios, tanto cuantitativa como cualitativamente. En el terreno de la
planificación del personal y distribución de funciones y tareas juega un papel
definitivo la dirección de la biblioteca. Corresponde a los órganos directivos diseñar
la relación de puestos de trabajo, distribuir la actividad por secciones o áreas,
delimitar los trabajos concretos que se deben realizar, asignar unas funciones concretas a
cada trabajo y nombrar a los responsables de llevar a cabo cada una de las labores de la
biblioteca. Todo esto debe hacerse de forma racional, coherente y teniendo siempre
presentes los objetivos generales de la biblioteca. Además, influirán otros aspectos
como el número de personas disponibles, la preparación de las mismas y los recursos
financieros y de infraestructura de que se dispongan.
En la gestión de los recursos humanos intervienen una serie de
aspectos que hay que tener en cuenta para una ágil administración. Los elementos de
mayor interés que hay que contemplar en cuanto a los recursos humanos son:
Entorno. Es necesario constatar
cuáles son las circunstancias que rodean al personal de la biblioteca y que influyen en
su organización. Las mismas proceden tanto de la propia biblioteca (entorno interno) como
de agentes ajenos a la misma (entorno externo). El entorno interno viene determinado por
la estructura de la biblioteca universitaria, el número de personas que trabajan en la
biblioteca, el tipo de profesionales, su formación, etc. Otros aspectos internos son la
infraestructura con la que se cuenta, los medios y la tecnología. Por otra parte, el
entorno externo lo delimitan las normas laborales y sindicales, las condiciones
económicas o la influencia de intereses políticos o institucionales. Situar los agentes
que intervienen en los recursos humanos ayudará a prevenir posibles errores en la
planificación o influencias negativas posteriores.
Objetivos. Los objetivos de la
planificación de recursos humanos se centrarán en la consecución de la eficacia de la
biblioteca. Se buscará el rendimiento de los trabajos bibliotecarios o, lo que es lo
mismo, el rendimiento global de la biblioteca. En este apartado se deberán plantear
cuestiones como la puesta en marcha de nuevos servicios o la dinamización de servicios
poco empleados. En muchos casos, para conseguir los objetivos, será necesario reubicar al
personal, asignando trabajos a quienes mejor puedan desempeñarlos.
Necesidades. Una vez delimitados los
objetivos se procederá a la descripción de las necesidades de personal que presenta la
biblioteca. Para ello se responderá a preguntas como: qué tipo de trabajo se va a
desempeñar, que funciones se le asignan, qué obligaciones conlleva, en qué condiciones
se desarrollará, que relaciones tendrá con el resto de la actividad bibliotecaria, que
resultados se esperan, con qué instrumentos se cuenta, etc. La definición conceptual y
funcional de estos aspectos y su traducción a tareas concretas ayudarán a clarificar
qué es lo que la biblioteca necesita para conseguir un determinado objetivo y qué
profesional puede realizar esa función.
Puestos de trabajo. Conocido el
personal que se necesita se deberá especificar el trabajo concreto que se va a
desempeñar. Se trata de establecer qué labores se van a realizar, esto es, qué
características concretas tiene el trabajo: horario, lugar de desempeño de la actividad,
relaciones con el resto de las secciones, atención a los usuarios, sistemas de
ejecución, condiciones técnicas, etc. Si en el anterior apartado se buscaba delimitar
las condiciones necesarias para la ejecución del trabajo, en éste se trata de describir
todos los detalles del puesto de trabajo concreto. Todo esto es necesario para dejar
constancia de las funciones y tareas que debe desempeñar la persona responsable de cada
tarea. La descripción de los puestos es útil tanto para el trabajador como para la
biblioteca, ya que ambos tendrán presentes las actividades atribuidas.
Organización del trabajo. Establecido
el puesto de trabajo se procederá a la asignación del mismo a las personas que vayan a
desempeñarlo. Si se considera oportuno y fuese posible, se elegirá personal en activo,
trasladándole de otras secciones o ampliando sus atribuciones. Cuando el puesto es de
nueva creación es conveniente contratar personal nuevo, procediendo a la convocatoria del
puesto de trabajo. Para el reclutamiento de nuevo personal habrá que seguir la normativa
existente a tal efecto, especialmente si la biblioteca pertenece a una universidad
pública. Una vez incorporada la persona comenzará el desempeño de la actividad
encomendada. En este apartado también se incluyen otros aspectos de la organización,
como son las relaciones laborales y las interprofesionales. Unos puestos de trabajo se
relacionan con otros, por lo que es necesario organizar esta interconexión. Asimismo,
será necesario observar las carencias de formación, organizándose, si fuera necesario,
cursos o períodos de práctica.
Evaluación. Se utilizarán los
instrumentos comúnmente empleados en la evaluación de bibliotecas: medidas, indicadores,
estadísticas, etc. Es indispensable conocer el grado de implicación del personal en su
puesto de trabajo y sobre todo en qué medida su trabajo es eficiente. El control de la
actividad profesional de los trabajadores corresponde al director del centro, quien será
el encargado de exponer las funciones de cada puesto, asignar las personas que los
ocuparán y proponer los incentivos y las sanciones oportunas. No hay que olvidar que en
las descripciones de los puestos de trabajo deben intervenir también los órganos de
representación sindical con que cuente la Universidad, sobre todo en lo referente a
categorías profesionales y retribuciones.
La organización funcional de los recursos humanos de una biblioteca
universitaria depende en gran medida de la estructura de la propia biblioteca. Las
bibliotecas universitarias se estructuran en niveles operativos con distintos grados de
decisión. En virtud del organigrama de la biblioteca universitaria, el personal de la
misma tendrá una categoría, unas atribuciones y unas dependencias. Partiendo de
criterios profesionales y del grado de decisión que tengan los recursos humanos de las
bibliotecas universitarias, el personal de las mismas se inscribirá en el grupo
directivo, en el técnico o bien en otras categorías.
El personal directivo tiene la responsabilidad de que la
biblioteca cumpla convenientemente sus funciones. En cuestión de recursos humanos son los
responsables de distribuir los puestos de trabajo y de coordinar el correcto desarrollo de
los mismos. En este grupo se inscriben el director de la biblioteca, el/los subdirector/es
y todos los jefes de sección con poder de decisión. También se incluyen en esta
categoría los responsables de las bibliotecas de centro cuando éstos tienen capacidad de
decisión, lo cual ocurre siempre que se trate de una estructura descentralizada.
Asimismo, pueden situarse en este nivel los posibles adjuntos a la dirección u asesores
que se creen. El personal directivo es el encargado de unificar los criterios de
actuación y normalizar los procedimientos y servicios que se presten en todos los centros
dependientes de la biblioteca universitaria. Los órganos directivos deben estar en
contacto con el equipo de gobierno de la Universidad y estar asesorado por las comisiones
de biblioteca existentes.
Se entiende por personal técnico aquél que realiza las acciones
encomendadas por la dirección, que ejecuta las instrucciones superiores. Se incluye aquí
todos los recursos humanos que ocupan puestos de trabajo profesionales sin capacidad de
decisión. Lógicamente, la mayor parte de los efectivos de una biblioteca universitaria
pertenecen a este grupo. En los recursos humanos encargados de ejecutar la actividad
bibliotecaria se agrupan todas las personas que desempeñen una labor técnica, más o
menos relacionada con la biblioteconomía, independientemente del grado de
especialización. Los niveles administrativos y la responsabilidad profesional es muy
diferente en los miembros de este grupo de personal, pudiéndonos encontrar con grandes
diferencias salariales y formativas. En definitiva, lo único que amalgama al personal
ejecutivo es su consideración de profesionales bibliotecarios o técnicos y su falta de
capacidad de decisión.
Puede hacerse un último grupo de personal reuniendo a quienes no
forman parte de ninguno de los grupos anteriores. Se trata de los recursos que ni son
profesionales ni tienen capacidad de decisión. Fundamentalmente se engloba aquí al
personal de servicios, adscrito a la biblioteca pero que en ningún caso realiza
operaciones técnicas ni bibliotecarias.
Las relaciones y jerarquías entre los tres grupos anteriores están en
función de la estructura de la biblioteca universitaria y del reglamento por el cual se
gobierne. A cada trabajador se le asignará una categoría y un grado, en consonancia a su
formación y puesto de trabajo ocupado. El personal bibliotecario de las universidades
estatales está sujeto a la normativa sobre la función pública existente a tal efecto.
Hasta el momento, el personal de las bibliotecas universitarias está
incorporado a los cuerpos Facultativo de Bibliotecas, al que suelen pertenecer los
directivos de las bibliotecas; Ayudantes de Bibliotecas, formado por el personal técnico
de la biblioteca y Auxiliar de Bibliotecas, quienes realizan operaciones no intelectuales
y tareas no profesionales. Estas denominaciones varían dependiendo de las universidades,
quienes han creado cuerpos específicos como el de Técnico de Biblioteca (auxiliar o
ayudante) o utilizan otras escalas para su personal (Escala de Gestión, Administrativos,
Informáticos, Mozos, etc.).
En definitiva, las categorías del personal bibliotecario son tan
complejas como la propia legislación laboral. Así, además de los mencionados tipos, en
una biblioteca universitaria podemos encontrarnos con trabajadores que desempeñan su
actividad con contratos de autónomos, colaboradores sociales, becarios u objetores de
conciencia que realizan su prestación social en la biblioteca, por ejemplo. Este tipo de
recursos humanos, aunque realicen tareas profesionales, en ningún caso se les
considerará como personal de la biblioteca, ya que no existe relación contractual con la
misma. El personal sujeto a la legislación de la función pública tiene establecidos
unas funciones y unos niveles a partir de los establecido en la Relación de Puestos de
Trabajo. En las mismas se describen las tareas que debe desempeñar ese puesto de trabajo.
Distintas instituciones han establecido pautas acerca de las
características del personal bibliotecario. Un ejemplo de esto es el apartado que la IFLA
dedica a los recursos humanos en sus Pautas para bibliotecas públicas. Dentro del
panorama internacional destacan las recomendaciones que sobre el personal apoya la
American Library Association (A.L.A.) en sus Normas para bibliotecas universitarias o
las homólogas de The Library Association. En el estado español, hasta hace poco tiempo,
no existían más que algunas notas sobre aspectos cuantitativos relativos al personal de
la biblioteca universitaria. En mayo de 1997 la Red Española de Bibliotecas
Universitarias (REBIUN) aprueba un documento de trabajo donde analiza las características
del personal bibliotecario universitario. Este documento es de gran importancia porque
pretende ser un patrón para aplicar en las bibliotecas de todas las universidades
participantes en la red. El mencionado documento estudia las características de los
recursos humanos a través de los siguientes elementos:
Consideraciones previas: se constata la importancia del
personal bibliotecario como un intermediario entre el usuario y los recursos de
información, además de definir al personal como el activo más importante de la
biblioteca.
Dotaciones del personal: entre otras características se
indica que: la biblioteca deberá estar dotada de personal en cantidad suficiente para que
pueda cumplir sus objetivos en relación al número de usuarios, programas que se ofrecen,
número de edificios, puntos de servicio, horas de funcionamiento, servicios que presta y
grado de centralización / descentralización.
Tipos de personal: se establecen tres áreas de trabajo:
directiva, técnica y auxiliar, en proporciones adecuadas al perfil de la biblioteca y a
los puntos de servicio atendidos. Las características aprobadas por REBIUN indican que
cada tipo de personal ha de poseer la titulación y formación adecuadas para desarrollar
las tareas que le correspondan.
Organización: se mencionan las relaciones de puestos de
trabajo, los manuales de definición de funciones y los planes de comunicación como
herramientas básicas para la estructuración interna. Se incide en la importancia de
estos tres instrumentos para la gestión correcta en todos los niveles.
Formación: se especifica que se establecerán cursos de
formación profesional cuya responsabilidad corresponderá al Director de la Biblioteca y
que tendrán como finalidad la actualización y perfeccionamiento en todos aquellos
ámbitos que favorezcan el desarrollo y eficacia del servicio y que respondan a las
expectativas de mejora individual.
Selección: una característica importante del personal de las
bibliotecas universitarias es la forma en que se selecciona. REBIUN recuerda que las
pruebas selectivas para el ingreso en las diferentes áreas de trabajo deberán ser
permanentemente revisadas para adecuarlas a las necesidades de las bibliotecas. Asimismo,
aboga por la homogeneización de las pruebas selectivas de acceso a nivel administrativos
similares.
Evaluación: como todo agente de la vida bibliotecaria, los
recursos humanos también deben ser evaluados. Los aspectos propuestos para esta
evaluación son: cantidad y distribución de personal en relación con los servicios
ofrecidos; programas de formación; formulación de políticas y procedimientos de
gestión de personal; análisis de la utilización del personal y análisis de trabajo
(cargas de trabajo); evaluación individual.
Gestión presupuestaria
Partiendo de Mur Torres (Mur, 1997), el presupuesto se puede definir
como el resumen sistemático, confeccionado en períodos regulares, de las previsiones en
principio obligatorias de los gastos proyectados, y de las estimaciones de los ingresos
necesarios para cubrir dichos gastos. De esta definición se extraen una serie de
características. En primer lugar, el presupuesto es una previsión, no un balance. Es una
estimación de gastos e ingresos, una visión prospectiva de la actividad de un organismo.
Además, el presupuesto es una previsión normativa. El organismo, sobre todo si es
público, está obligado a cumplir esa previsión. En tercer lugar, el presupuesto se
presenta sistematizado en lenguaje contable. A continuación, hay que tener presente que
el presupuesto se confecciona regularmente, ya que se realiza para ser aplicado en un
período de tiempo, tras el cual deberá ser renovado. Por último, el presupuesto se
presenta equilibrado formalmente, ya que es preciso que los ingresos previstos sean
suficientes para cubrir los gastos.
A la hora de realizar un presupuesto se puede optar por los siguientes
tipos:
a) Presupuesto tradicional o administrativo: presupuesto de control del
gasto y los ingresos. Presenta un visión orgánica de los recursos financieros, que no es
útil para apreciar los efectos económicos de los ingresos y gastos en la actividad
económica.
b) Presupuesto funcional: el presupuesto se realiza a partir de una
clasificación de funciones del organismo.
c) Presupuesto de ejecución o por tareas: ofrece los propósitos y
objetivos para los que se requieren los fondos, los costes de las actividades propuestas
para alcanzar esos objetivos y todos los datos cuantitativos necesarios para evaluar los
logros. Trata de seleccionar los mejores métodos para ejecutar un programa determinado.
d) Presupuesto por programas: es un presupuesto planificado donde se
identifican los objetivos que desean alcanzarse, se concretan los programas que deben
realizarse para alcanzar esos objetivos y se evalúan los recursos que deben ser
utilizados para desarrollar los programas. Trata de seleccionar los programas más
adecuados para alcanzar los objetivos deseados, para ello se utilizan técnicas de
análisis coste-beneficio, coste-utilidad y coste-eficacia.
e) Presupuesto en base cero: requiere que cada centro de gasto
justifique detalladamente la totalidad de sus necesidades presupuestarias, demostrando su
necesidad. Este tipo de presupuesto no admite los gastos de años anteriores como punto de
partida. Se parte del gasto inicial cero para ir presupuestando sólo los gastos
demostrados.
Cualquiera de ellos sigue unos principios presupuestarios,
entendiéndose por tales, las reglas necesarias para la elaboración, aprobación,
ejecución y control del presupuesto. Pueden agruparse en tres: principios políticos,
principios económicos y principios contables. Los principios políticos son las
obligaciones legales en materia de presupuestos, los principios económicos están
establecidos en los presupuestos tradicionales siguiendo criterios monetarios y los
principios contables tienen la finalidad de regular el funcionamiento del presupuesto.
La gestión del presupuesto se realiza en las diversas fases de lo que
se conoce como ciclo presupuestario, que está integrado por las siguientes etapas:
elaboración del documento presupuestario, discusión y aprobación por el organismo
competente, ejecución y control del cumplimiento.
La primera fase, de preparación del presupuesto, parte de determinados
criterios, que pueden variar según los objetivos del centro y las disponibilidades
monetarias. A partir de estos se realiza un documento presupuestario base. Cada organismo
tendrá un departamento encargado de recoger las necesidades de las distintas secciones.
La elaboración del presupuesto se realiza partiendo de las ramas más altas de la
jerarquía de la institución, para ir bajando paulatinamente hasta llegar al último
escalafón de la organización. Una vez elaborado el primer borrador se remitirá a la
persona u organismo encargado de su revisión y posterior aprobación. Por lo general, en
las universidades suele ser la Gerencia la que coordina la elaboración del presupuesto
global. Éstas envían su informe a la Comisión Económica de la Junta de Gobierno, quien
tiene la misión de dar el visto bueno y enviarlo a los ministerios y/o consejerías de
los que dependa la Universidad. Asimismo, estas consejerías o ministerios contemplarán
el gasto total dentro de sus propios presupuestos, de cara a la presentación dentro de
los Presupuestos Generales del Estado, que deben ser aprobados por las Cortes Generales.
La realización del presupuesto de la biblioteca universitaria es obligación de la
dirección, quien analizará las distintas secciones, la política económica y de
servicios, los ingresos posibles y las necesidades económicas, e informará del proyecto
de presupuesto a la Comisión de Biblioteca, si es que existe. Si recibe su aprobación se
enviará a la gerencia para su incorporación al presupuesto global de la universidad.
La segunda fase es la revisión y aprobación del presupuesto. Dependiendo
del nivel en el que se esté realizando el documento presupuestario, la revisión y
aprobación del mismo correrá a cargo de un organismo u otro. La aprobación de todo el
presupuesto público corresponde a las Cortes Generales, a quienes se presentan los
proyectos de los presupuestos de los distintos organismos estatales o dependientes del
Estado. Las Universidades reciben dinero público, por lo que también se ven afectadas
por la Ley de Presupuestos, que regula todo lo referente al estudio y aprobación de los
presupuestos. El presupuesto de cada universidad debe ser aprobado por las Juntas de
Gobierno respectivas, como principal órgano colegiado de la Universidad. Asimismo, una
vez aprobado por la Universidad, el presupuesto debe ser aprobado por las instituciones
educativas de las que dependen, al menos el porcentaje que éstas asignan a los centros
universitarios. Los presupuestos de las bibliotecas universitarias deben ser revisados por
la Comisión de Biblioteca y/o por el responsable de mayor rango (Jefes del Servicio de
Biblioteca, Vicerrectores, etc.). La persona u entidad que revisa y aprueba el documentos
presupuesto de una biblioteca universitaria dependerá del organigrama establecido en cada
Universidad. En algunos casos se crean comisiones específicas para el presupuesto de la
biblioteca, mientras que en otras el presupuesto es elaborado y aprobado sin contar con
los miembros de la biblioteca. Los sistemas de aprobación del presupuesto de una
biblioteca universitaria son tan variados como las estructuras organizativas de las
universidades y sus bibliotecas.
A continuación, se procederá a la ejecución del presupuesto, es
decir, a entregar las cantidades asignadas para cada partida. Esta fase conlleva dos
acciones básicas: autorización de los gastos y ordenación de los pagos. Como en las
fases anteriores, estas dos acciones se irán sucediendo de un escalafón a otro, hasta la
aplicación del gasto en la actividad presupuestada. Los responsables de los organismos
superiores autorizarán el traspaso de los ingresos a los distintos departamentos, hasta
llegar a los últimos grados del organigrama funcional, desde donde se utilizarán para el
pago de los gastos. La biblioteca recibirá los presupuestos asignados y los distribuirá
por secciones según lo establecido en el presupuesto aprobado. La coordinación de la
asignaciones será responsabilidad de la dirección del centro, quien supervisará los
gastos y autorizará los pagos, junto al responsable económico del centro. Todos los
gastos estarán centralizados en una oficina o persona, que se responsabilizará de la
contabilidad de la biblioteca e informará de la situación económica del centro. El
gasto de fondos públicos está sujeto a un normativa estricta que, en caso de no
seguirse, puede derivar en acciones penales. Esto debe ser tenido en cuenta para todas las
transacciones económicas que se realicen en la biblioteca. La normativa más importante
que se deben tener en cuenta es la Ley 13/1995 de Contrato de las Administraciones
Públicas, además de distintos decretos como el Reglamento General de Contratación del
Estado. La ejecución del gasto está sujeta además a lo establecido en los Estatutos de
cada Universidad, donde se suele indicar la forma en que se gestionarán los presupuestos
y los sistemas de autorización y pago de los gastos.
La última fase del ciclo presupuestario corresponde al control del
presupuesto. Se trata de comprobar que tanto los gastos como los ingresos corresponden a
lo presupuestado, poniendo especial interés en la justificación de todas las partidas,
tanto las gastadas como las ingresadas por la biblioteca. Los presupuestos públicos
están sujetos a control legal, establecido desde tres categorías: control
administrativo, control judicial y control parlamentario. El control administrativo se
efectúa a través de la Intervención General de la Administración del Estado, organismo
encargado de revisar todas las cuentas públicas. El control judicial se realiza en caso
de observarse posibles delitos en el gasto del dinero público. El control parlamentario
se efectúa desde las Comisiones de Presupuestos del Congreso y el Senado, a partir de los
informes enviados por la Intervención General de la Administración del Estado. En las
bibliotecas universitarias el control deberá ser ejercido por la dirección del centro,
quien asimismo responderá de la ejecución del presupuesto ante los órganos económicos
de la Universidad. La dirección podrá delegar la ejecución presupuestaria de
determinados servicios o secciones en los responsables de los mismos, quienes
supervisarán el gasto y los ingresos de sus áreas. La ejecución del presupuesto suele
reflejarse en las memorias anuales de la biblioteca. En ellas se indica las partidas en
las que se ha invertido el presupuesto y la cantidad gastada en cada concepto. Este
documento tiene validez a efectos informativos, aunque es importante que sea elaborado
como justificación del gasto realizado en la biblioteca, sobre todo cuando la procedencia
principal de los ingresos son los fondos públicos.
Gestión
económica
La biblioteca universitaria, como cualquier organización, debe
hacer frente a una serie de gastos, para lo que utilizará los ingresos de los que
disponga. Las bibliotecas deben planificar sus gastos en virtud de los ingresos, para que
la actividad se desarrolle de manera adecuada y los usuarios no se vean perjudicados por
errores de previsión. La gestión económica es importante, ya que supone la solidez de
los servicios bibliotecarios.
Existen varias vías por las que las bibliotecas de las universidades
perciben ingresos. Partiendo de la procedencia de los ingresos pueden agruparse en
presupuestos procedentes de la Administración de la que depende la biblioteca, ingresos
procedentes de la Universidad, ingresos propios y recursos económicos externos.
Ingresos procedentes de la Administración
Independientemente de si la biblioteca dispone o no de presupuesto
específico, se agrupan aquí las subvenciones o partidas presupuestarias procedentes de
la Administración o las administraciones de la que depende la biblioteca. Así, se
incluyen en este apartado los ingresos procedentes de la Secretaría de Estado de
Universidades en el caso de las universidades que todavía dependen de la Administración
Central. De igual modo, pertenecen a esta categoría los recursos asignados por los
gobiernos autónomos a través de sus consejerías de educación o de los respectivos
departamentos de universidades. Las cantidades que se reciben de las administraciones
varían cada año. El presupuesto se elaborará conforme a criterios que tienen en cuenta
el número de titulaciones, el número de alumnos, el número de profesores, la carga
docente y el nivel de experimentalidad de las enseñanzas que se imparten.
También se podría incluir en este primer grupo de ingresos los
procedentes de otras administraciones, como es el caso de la Administración local, cuando
existen convenios entre Ayuntamientos y Universidades. De igual manera, podrían situarse
aquí los fondos procedentes de la Unión Europea. En los últimos años, las bibliotecas
universitarias se están viendo apoyadas, como el conjunto de las bibliotecas, por
programas como Telemática para bibliotecas, a través del cual se están
recibiendo subvenciones para la realización de proyectos bibliotecarios paneuropeos de
investigación y desarrollo tecnológico. Una gran parte de las bibliotecas participantes
en las distintas convocatorias de este programa son universitarias. Otra iniciativa
europea que está beneficiando a las bibliotecas universitarias, desde el punto de vista
económico, son los Fondos Europeos de Desarrollo Regional (FEDER), de los que las
universidades también se están aprovechando, sobre todo en las localidades menos
desarrolladas.
Este primer grupo de ingresos es importante para las bibliotecas que no
tienen presupuesto propio y que, por tanto, dependen del presupuesto general de la
Universidad.
Ingresos procedentes de la Universidad
Lo común, además de lo conveniente y deseable, es que las bibliotecas
estén contempladas dentro del presupuesto global de la Universidad y se les asigne una
partida anual para el desempeño de su actividad. Una recomendación internacional estima
que el 5 % del presupuesto total de la Universidad es la cantidad que se debe asignar a la
biblioteca. Si se respetase esta cifra las bibliotecas contarían con un presupuesto
adecuado para prestar sus servicios adecuadamente.
La Universidad reserva una cantidad para los servicios bibliotecarios
dentro de su planificación financiera. La mayor parte de estos recursos procederá del
apartado anterior, es decir, de las subvenciones recibidas por las administraciones. No
obstante, la Universidad gestiona los importes de las matrículas de los alumnos, lo que
puede suponer un 20 % de los presupuestos totales de una Universidad. La cantidad enviada
a las bibliotecas también procederá de esta partida de ingresos. Además, es lógico
pensar que una parte de los ingresos procedente de las tasas de matriculación revierta en
el alumnado, facilitando servicios de ayuda a su formación, como son las bibliotecas.
Dentro de los ingresos procedentes de la propia Universidad hay que
incluir las asignaciones que se reciben desde los centros, facultades, departamentos,
seminarios, etc. Esto ocurre, sobre todo, en las bibliotecas universitarias organizadas a
partir de una estructura descentralizada. En este último caso puede suceder que las
bibliotecas que dependan por entero de las Facultades o departamentos, quienes las
incluirán dentro de sus presupuestos; o bien, que únicamente aporten recursos para el
pago de algunos gastos. Cuando el presupuesto de las bibliotecas depende de los centros en
donde se ubican, el reparto de los ingresos puede hacerse distintas maneras, aunque suelen
seguirse criterios similares a los utilizados para la distribución general del
presupuesto de la facultad o departamento: número de titulaciones, número de alumnos,
número de profesores, carga docentes (número de créditos/profesor), grado de
experimentalidad de las titulaciones impartidas.
Existen recomendaciones para la asignación de los ingresos a las
bibliotecas universitarias, ya sea por parte de la Universidad (presupuesto centralizado)
o por parte de alguno de sus centros (presupuesto descentralizado). Las normas de REBIUN
en materia de financiación de bibliotecas universitarias indican los siguientes criterios
de distribución presupuestaria:
Docencia: número de alumnos; número de profesores con dedicación
exclusiva; número de profesores con dedicación parcial; número de asignaturas; número
de años curriculares; número de programas de tercer ciclo; número de áreas; número de
créditos.
Investigación: número de doctores; número de tesis leídas;
número de alumnos de tercer ciclo; número de becarios predoctorales.
Biblioteconómicos: precio medio del libro; precio medio por título
de revista; número de usuarios de la biblioteca; nivel de accesibilidad a la colección;
volumen de producción científica de la materia; tiempo de validez de las obras.
Fondo común: bibliotecas de áreas experimentales; bibliotecas de
áreas no experimentales.
Estas directrices únicamente pretenden aportar indicadores para ser
aplicados en la distribución del presupuesto correspondiente a las bibliotecas
universitarias. De esta manera se puede presionar al centro del que se depende para la
obtención de los ingresos necesarios.
Ingresos propios
Las bibliotecas están comenzando a tener ingresos procedentes del
cobro de sus servicios. Aunque, por lo general, no se suele cobrar más del valor real del
servicio, lo cierto es que es una fuente de financiación y, como tal, hay que incluirla
en este apartado. Los servicios que suelen cobrarse a los usuarios son: préstamo
interbibliotecario; fotodocumentación; reprografía (fotocopias y microformas) y la
consulta a bases de datos externas. También pueden incluirse como medios de ingreso por
la actividad bibliotecaria los siguientes: venta de documentos editados por la biblioteca;
cursos de formación impartidos por el personal de la biblioteca; organización de
jornadas y seminarios; reproducción de materiales especiales.
Por lo general estos servicios suelen tener unas tarifas que no
persiguen el lucro, sino la recuperación de los gastos que la prestación del servicio ha
supuesto a la biblioteca. En la Universidad española se está intentando normalizar las
cantidades que se cobran por los servicios que no son gratuitos. Un ejemplo lo suponen las
directrices de REBIUN para el préstamo interbibliotecario, seguidas por un gran número
de bibliotecas universitarias españolas. Es recomendable revisar las tarifas que se
cobran por los servicios bibliotecarios de manera periódica. Esto es importante sobre
todo cuando se trabaje en cooperación, estableciéndose precios comunes para todos los
integrantes de la red cooperativa.
También se pueden incluir aquí los rendimientos económicos
procedentes de la venta de objetos. Muchas bibliotecas ofrecen a sus usuarios la
posibilidad de comprar material de papelería con los anagramas de la biblioteca y de
otros objetos de muy variada tipología: carteles, carteras, figuras decorativas, etc.
Para muchas bibliotecas esta es una buena vía de ingresos.
Ingresos externos
Las bibliotecas perciben además ingresos por otras vías. Una de las
más comunes es a través de proyectos de investigación. Por lo general, los proyectos de
investigación incorporan una partida para la adquisición de material bibliográfico que
suele depositarse en la biblioteca. Esos fondos, por tanto, pertenecerán a la biblioteca,
aunque hayan sido adquiridos con fondos ajenos.
En ocasiones, la colaboración entre la Universidad y las empresas
repercute en la asignación, por parte de los empresas, de cantidades de dinero destinadas
a la investigación o ayudas para la formación, que pueden materializarse en la compra de
fondos para la biblioteca. Esta es, por tanto, otra fuente de financiación externa. En
este apartado se deben incluir también los fondos monetarios procedentes de la actividad
cooperativa de la biblioteca. Las bibliotecas universitarias participan en redes que, en
ocasiones, comparten sus ingresos para distribuir equitativamente los gastos. El
presupuesto común actúa como un fondo de cohesión, que se reparte según las carencias
o necesidades de las bibliotecas participantes.
En el caso de recibirse donaciones o subvenciones de particulares o
entidades se considerarían también como una fuente externa de financiación, ya sean
donaciones en metálico o en especie: fondos bibliográficos o documentales,
instalaciones, equipamiento, etc.
Por otra parte, la biblioteca universitaria debe hacer frente a una
serie de gastos. La distribución de los ingresos de la biblioteca suele hacerse conforme
a unos conceptos que es necesario atender para el correcto funcionamiento de la biblioteca
y que suelen repetirse año tras año. La biblioteca tendrá unos gastos ordinarios, que
pueden dividirse en: gastos de personal, adquisiciones, material y gastos corrientes;
además dispondrá también de un presupuesto de inversión, que dependerá de la
política bibliotecaria y de los planes que se estén llevando a cabo.
Gastos de personal
Es el concepto al que se destina el mayor presupuesto de la biblioteca.
Recoge todos los gastos relacionado con el personal, los cuales pueden desglosarse en
gastos del personal de plantilla, gastos del personal temporal, formación (cursos,
desplazamientos, etc.) y becas.
A veces la partida del gasto de personal no se incluye en el
presupuesto de la biblioteca, ya que todo el personal de la Universidad aparece en los
presupuestarios de la Gerencia o del departamento de personal. Se estima conveniente que
entre el 50 y el 55 % del presupuesto total de la biblioteca se destine al pago de los
gastos de personal.
Adquisiciones
Entre el 35 y el 40 % del presupuesto de la biblioteca universitaria se
destina a la formación de la colección. La adquisición de fondos es, tras el personal,
el principal gasto de una biblioteca universitaria. La partida de adquisiciones engloba
todas las cantidades destinadas a la compra de monografías, materiales especiales,
suscripción a publicaciones periódicas, suscripción a bases de datos en CD-ROM y
suscripción a bases de datos en línea.
La planificación del gasto en adquisiciones es fundamental para poder
tener una colección completa y actualizada. La falta de previsión del gasto en
incorporación de fondos podría suponer la paralización de nuevos ingresos
bibliográficos hasta la aprobación del siguiente presupuesto. La planificación en este
campo es también necesaria porque las bibliotecas suelen tener reservada una cantidad
anual para hacer frente a las suscripciones realizadas para la adquisición de
publicaciones periódicas o las actualizaciones de las bases de datos en CD-ROM. Es
fundamental distribuir la cantidad restante de manera equilibrada para atender las
necesidades de información de los usuarios de la biblioteca.
Material inventariable
Todas las organizaciones necesitan adquirir material de distinto tipo
para el desarrollo adecuado de su trabajo. Este material pasará a formar parte de la
institución, por lo que es necesario inventariarlo para su control. Las bibliotecas
también invierten en este tipo de material: equipos, mobiliario, etc. Todo ello
permanecerá registrado en el inventario de la Universidad. El control del material
inventariable suele estar al cargo de los vicerrectorados de infraestructura, los cuales
disponen de secretariados o servicios para el control de todo el equipamiento del que la
Universidad es propietaria, además de coordinar las compras de nuevo mobiliario o
equipamientos
Es importante recordar que la normativa en materia de gasto público
impone unos límites monetarios para la adquisición directa de material. A partir de
determinada cantidad, las bibliotecas deberán convocar concursos públicos para la
adjudicación de la compra. Igual ocurre con las obras que se realicen en el centro. Por
este motivo, es aconsejable dejar en manos de otros departamentos de la Universidad la
adquisición del material inventariable.
Gastos corrientes
El funcionamiento de la biblioteca requiere una serie de gastos de
distintas clases que se agrupan bajo el epígrafe de gastos corrientes. Tienen la
característica común de ser indispensables para el desarrollo de la actividad cotidiana
del centro. Se trata de los siguientes: mantenimiento y reparaciones; comunicaciones y
transportes; dietas y gastos de representación; electricidad; calefacción; material
fungible; trabajos de otras empresas externas; encuadernación; restauración;
publicaciones y otros similares. En realidad en este apartado puede incluirse todo aquello
que suponga un gasto ordinario, pero que no pertenezca a ninguna de las categorías
anteriores.
Presupuesto de inversión
Las bibliotecas realizarán planes a medio y largo plazo para
modernizar el centro, actualizar instalaciones o colecciones, implantar nuevos servicios,
etc. Todo ello supone la asignación de partidas presupuestarias distintas a las
ordinarias, ya que son gastos que sólo se realizarán mientras dure el proyecto. Se trata
de los gastos de inversión, que suelen asignarse para la construcción de nuevos
edificios y ampliaciones, remodelaciones o adaptaciones de los espacios existentes,
equipamiento de los nuevos espacios, dotación de nuevos servicios y adquisiciones
retrospectivas. Los conceptos de los presupuestos de inversión también están recogidos
en los presupuestos ordinarios. Dado su carácter de presupuestos excepcionales es
preferible consignarlos por separado.
Evaluación
de la gestión
La gestión de una biblioteca universitaria se debe evaluar para
comprobar su rendimiento. De esta manera se podrá conocer la eficacia de los servicios y
la marcha general de la biblioteca. F. W. Lancaster, en su obra Evaluación de la
biblioteca (Lancaster, 1996) establece los principales elementos evaluables de una
biblioteca, indicando criterios para analizarlos. Los apartados que este autor considera
que deben ser evaluados son: colección; uso de la colección; uso de la biblioteca;
publicaciones periódicas; espacio; catálogo; acceso al documento y localización del
fondo; acceso a la información bibliográfica; referencia; búsquedas en bases de datos;
formación bibliográfica de los usuarios; cooperación bibliotecaria; relación
coste-eficacia; relación coste-beneficio; calidad.
Al igual que toda sección, servicio o actividad bibliotecaria puede
ser planificada para su estudio y mejora, también cualquier aspecto de la biblioteca
puede ser evaluado: recursos humanos y económicos, procesos técnicos, servicios
orientados al usuario, procedimientos, relaciones institucionales, organización interna,
etc., por lo que la relación anterior no es más que orientativa.
De la evaluación se deberán desprender conclusiones que servirán
para decidir si se continúa con el sistema de gestión o, por el contrario, para revisar
y modificar la gestión en aquellos aspectos donde no se estuviese actuando correctamente.
La evaluación de la actividad bibliotecaria suele reflejarse en las
memorias que anualmente difunden las bibliotecas. En estos documentos se tratan todos los
temas que afectan a la marcha cotidiana del centro. Por lo general, se presentan datos
estadísticos, que son útiles para comprobar la evolución de la biblioteca y para
comparar distintas bibliotecas entre sí.
Las informaciones que suelen contener las memorias anuales son: datos
acerca del volumen de los fondos; crecimiento de la colección; consultas bibliográficas;
infraestructura; equipamientos; horarios; estadísticas de ocupación; datos sobre las
secciones de proceso técnico; incorporación de obras por donación; intercambio de
publicaciones; préstamo domiciliario; préstamo interbibliotecario; suministro de
documentos; consulta a bases de datos remotas; reprografía; recursos económicos y
distribución por partidas; recursos humanos y distribución por secciones; proyectos
individuales; proyectos cooperativos; relaciones con otras bibliotecas; participación en
actividades profesionales; representación en la vida universitaria; actividad de los
órganos directivos; actividad de las comisiones de biblioteca; extensión sociocultural;
formación continua del personal; publicaciones.
Bibliografía
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